Comunicación Social | Universidad Mariana | ISSN- 2981-3832
Ángela Marín y Santiago Enríquez: vida muerte dulce
Ángela Marín y Santiago Enríquez: vida muerte dulce

Una conversación sobre el suicidio y la voluntad de vivir.

En el marco de la Tertulia “Filosofía y Extramuros”, realizada por la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Mariana el 27 de octubre de 2023 en Pasto, se habló del libro “Del otro lado del jardín: angustia, suicidio y otras divagaciones en torno a la muerte”, de Carlos Framb. Ángela y Santiago tomaron como referencia ese libro y reflexionaron sobre su existencia.

LADO A: MUERTE

A Ángela Marín y Santiago Enríquez, no sólo los une estudiar en la misma universidad, ni haberse conocido desde el colegio.  Ella está en primer semestre de Derecho, y Santiago en segundo de Ingeniería Civil, ambos en la Universidad Mariana. Lo que también los une, y mucho, es que en algún momento de sus vidas quisieron morirse.

“No me avergüenza admitir que tuve un intento de suicidio en mi adolescencia”, dice Ángela. Según ella, no fue una decisión apresurada. Fue planeado. De hecho, tuvo meses de planeación. Hasta que llegó el día cuando todo para ella explotó y sus posibilidades de vida, se nublaron. Pese a eso, Ángela no se arrepiente. Sentir la vida tan frágil la hizo reaccionar. Sentir la vida tan frágil la empujó a sobrevivir, a tener una segunda oportunidad.

“Así como lo hicieron José Asunción Silva o Alfonsina Storni, eligiendo su muerte. Sea rápida, sea lenta, pero que sea por decisión propia y en las condiciones que yo quiera. Pues para mí, si vivo dignamente, espero que mi muerte sea igual de digna”, dice Ángela. Sus conocimientos en Filosofía y en Derecho le permitieron tomar una posición sobre la eutanasia o el suicidio asistido. Para ella, el derecho a la muerte no debería ser tema de debate ni de penalización, pues elegir cómo quieres morir debe ser un derecho. Además, porque la dignidad humana no es algo negociable.

Ángela fue testigo de la muerte de una de sus tías. Murió de cáncer de seno. “Yo era una niña y la amaba mucho, escuchaba cómo pedía a gritos morir, cómo se retorcía en la cama por el dolor físico y mental que le trajo ese cáncer de mama. A ella la recuerdo como alguien muy alegre y consentidora, no se merecía esa muerte”, dice Ángela.

Tiempo después, otra de sus tías, la misma que fue como una madre para ella, un día enfermó. Fue internada en el hospital, pero no regresó a casa. Después de más de dos semanas de procesos médicos, Ángela la vio en el ataúd. En los meses siguientes, Ángela tuvo su primer intento de suicidio fallido. Ahora, comparte la idea que Carlos Framb en su libro “Del otro lado del jardín”, eso de que “algunas veces las personas son el sentido de tu vida”. Ángela repite la frase y la relaciona con su vida.

*

“Lo que más ha representado sufrimiento, tanto físico como psicológico, fue cuando me enteré del suicidio de mi hermano”, dice Santiago. Él se enteró de esa muerte cerca a sus 15 años. Creció con esa ausencia que a veces era un vacío. No comprendía lo que pasaba con su familia. Un día, encontró ropa de niño que no era suya, fotografías de una persona que no conoció en los álbumes familiares. Y estaban sus padres, que no respondían a sus preguntas. Conforme crecía empezó a intuir que las evasivas a las respuestas de sus preguntas, respondían a un dolor profundo. Santiago comprendió lo complejo de manejar la situación por parte de sus padres. “Tampoco los culpo, creo que nunca nadie está preparado para perder un hijo”, dice Santiago.

Su hermano se suicidó a los 19 años. Hoy Santiago, también tiene 19.  Él dice que quisiera entender el sufrimiento de su hermano fallecido, pero le es imposible. Piensa en la etapa actual de su vida, en su familia, en el contexto. Piensa en su hermano y quiere ponerse en sus zapatos, saber por qué se suicidó, pero no lo logra. Se pregunta: ¿pensó en nosotros cuando lo hizo? ¿Pensó en él? ¿Realmente no había otra salida? Pero, al final, hay algo que lo reconforta: pensar que su hermano ya está en paz, que está bien, y que todas las sensaciones y sentimientos de dolor que tuvo en vida, desaparecieron.

LADO B: VIDA

Al elegir su carrera profesional, Ángela hizo una lista de sus gustos y fortalezas, reuniendo sus pasiones e intereses, entre ellas el arte, el teatro, la danza contemporánea, las ciencias sociales, la filosofía, la gastronomía, el debate, la lectura. Dice que quiere ayudar a la gente y que encontró en el Derecho una forma de hacerlo. Según ella, durante su proceso formativo su sentimiento de justicia ha crecido, se ha hecho fuerte.

“Algunos filósofos sostienen que el sentido de la vida se encuentra en la búsqueda de la felicidad y el placer, como Epicuro, y su enfoque en el hedonismo. Otros, como Sócrates y Platón, argumentan que el sentido de la vida radica en la búsqueda de la verdad y la sabiduría. Esa búsqueda depende de cada persona. Mi propuesta fue buscar ese sentido de vida en las pasiones artísticas, esas que te nutren el alma, la mente. También está en la familia o algún otro ser querido, no me queda duda de que la conexión humana hace parte del sentido de mi vida”, dice Ángela.

Además, para ella, el sentido de la vida se alimenta transitando el autoconocimiento, el autocuestionamiento, habitando lo que mantiene a tu corazón en frecuencia y con ganas de seguir viviendo. Cada anhelo de vida, para Ángela, es subjetivo e individual, y la vida gira en relación con los significados propios.

“Voltaire y Rousseau, veían el suicidio como una prueba de la libertad del individuo … He ahí la importancia del sentido de la vida y de descubrirlo por nosotros mismos. En mi proyecto de vida está, el terminar con mi vida, de una manera digna, tranquila. Después de haber cumplido mis metas, después de un día en familia”, dice Ángela. Desea casarse algún día, tener hijos, ejercer la profesión y disfrutar de sus pasiones, vivir rodeada de sus personas amadas.

*

“Me gustaría morir después de una vida muy larga, ya que tengo muchos sueños que cumplir, muchas metas. Me gustaría morir a los 80 años y espero estar acompañado”, dice Santiago. Quiere vivir diversas experiencias que para él vengan llenas de conocimiento y de aprendizaje. Le gusta mucho estudiar y piensa seguir haciéndolo por varios años más. Tiene una fascinación por las matemáticas porque le ofrecen un lugar seguro. Le divierte pasar su tiempo entre números y resultados exactos. “Lo que más me gusta de las matemáticas es lo difíciles y sencillas que pueden ser”, dice Santiago, aunque es consciente de que para algunas personas su estudio es una tortura. Sin embargo, él puede pasar horas y horas encerrado en su cuarto resolviendo ecuaciones o integrales.

Santiago hace una analogía de la vida con las matemáticas. En los ejercicios numéricos halla distintas formas de llegar a la solución. Le gusta pensar en las formas, en lo que hay que descifrar para encontrar el camino y llegar al resultado. En la vida, él trata de usar la lógica y las múltiples opciones para superar las adversidades.

Actualmente, Santiago ha notado que sus padres han tratado de sobreprotegerlo, llevándolo a chequeos médicos constantes, terapia psicológica desde temprana edad, medicación, hasta internamiento psiquiátrico. Han tratado de cuidar de él y ser unos padres presentes en el área emocional y física. “He notado un montón de veces ese amor de ellos hacia mí y esa preocupación por mi bienestar, y pues, por otro lado, logro intuir que es por lo de mi hermano”, dice Santiago. Él cree que las acciones de sus padres se atribuyen al arrepentimiento de no notar las alarmas y las señales que su hermano dio en el momento. Santiago dice que es para prevenir lo que pasó. Por eso siente que han estado mucho más pendientes de él desde pequeño.

Santiago afirma que cuando una persona está pasando por un momento doloroso y de una fuerte depresión, lo principal es brindar una atmósfera segura en donde tenga su propio espacio y se le respete, pues sabe que hay temas bastante delicados y sensibles y las personas que lo viven a veces no se sienten cómodas al hablarlo. “Lo que me pasaba es que si yo me sentía mal, las personas pensaban que era tan simple como hablarlo y ya, me iba a sentir mejor. Pero no funciona así. Si fuerzas a que te diga no vas a crear el espacio de confianza, ese lugar seguro que hace sentir calientito el corazón”, dice Santiago. En su opinión, esos sentimientos desesperanzadores no se superan totalmente. Cree que las personas aprender a vivir con ellos. En su caso, reconoce que es una situación a la que no quiere volver, que no quiere volver a vivir y se convirtió en una motivación constante para no dejarse autosabotear.

Ángela y Santiago coinciden también en que desean morir dignamente, tener una muerte dulce, calmada, en familia. Él comparte quizás con algunas personas el sentimiento de miedo absoluto a la muerte.