Alejandro Rosero: “Este medio es muy caníbal, pero no tengo intención de vender la pornomiseria”

Con una trayectoria de más de 15 años, Alejandro Rosero Montenegro continúa siendo una de las voces más escuchadas en el departamento de Nariño, a través de la radio. Su próxima misión es presentar sus crónicas en las diferentes plataformas de streaming, principalmente YouTube y, por supuesto, seguir conquistando los corazones de más personas.

Alejandro Rosero Montenegro en las instalaciones de RCN Radio, Pasto. Foto: Juliana Burbano

Alejandro Rosero Montenegro es uno de los periodistas y cronistas con mayor tenacidad y constancia en el departamento de Nariño. Nació en la ciudad de Ipiales “casi que por accidente”, dice él, y aunque desde muy pequeño se trasladó a la capital nariñense, siempre se ha sentido orgulloso de sus raíces. Se define a sí mismo como una persona soñadora, trabajadora y dedicada a su familia. “Para mí, mi familia es lo más importante, además de mi trabajo” y con ello resalta que son esos tres aspectos los que le han ayudado a alcanzar cada propósito que se ha planteado a lo largo de su vida.

Durante su infancia y adolescencia vivió muchas experiencias “gratificantes y bastante locas también”, indica en medio de sonrisas, pues hasta llegó a pasarle por su cabeza la idea de pertenecer a la Guerrilla, para lo cual ya tenía una cita preparada y finalmente, en medio de las vueltas que da la vida, terminó prestando servicio militar por un año. Pese a lo anterior, Alejandro Rosero, desde muy pequeño, sabía que quería ser periodista. Él relata que su sueño más grande era presentar música en la radio y también narrar deportes, siendo esta última una de sus grandes aficiones. Para ello entró a estudiar Comunicación Social y Periodismo en la Universidad Mariana; sin embargo, llegó un punto en el cuál entendió que su carrera representaba mucho más y desde aquel instante se propuso transformar lo que sucediera a su alrededor.

Una vez egresado, su vinculación principal fue en la radio.

Es así como cada viernes, desde hace más de 15 años y sin falta, presenta sus crónicas radiales, producto de un interesante trabajo en equipo. A sus 45 años, continúa creando crónicas sin descanso y presentándolas cada año a las diferentes convocatorias de concursos de periodismo a nivel departamental, nacional e internacional, con el propósito, dice él “de que en alguna salga un buen premio, se reconozca el trabajo y se pueda seguir adelante”. Ha sido dos veces ganador del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar y cuenta con más de veinte reconocimientos, entre ellos, dos premios nacionales del Ministerio de Cultura y seis premios Silvio León España. Sus crónicas han trascendido fronteras y por ello, ha obtenido también premios en Ecuador, principalmente por trabajos de migrantes y víctimas de la violencia. “Además, estuve muy cerca, es lo que me dicen, uno nunca sabe, de ganar el premio Gabo, que ese ya es Iberoamericano”, comenta, emocionado, Rosero.

"...en las redes sociales, la gente toma un celular y cree que está haciendo información... que ya les garantiza que las audiencias queden bien informadas y, en realidad, a mí me parece que terminan totalmente desinformadas"

Relata que no ha sido fácil, puesto que, este medio es muy caníbal y constantemente conlleva la creación de contenido sin siquiera confirmar o revisar la veracidad de la información. Además, “en los medios digitales como Facebook live o, en general, en las redes sociales, la gente toma un celular y cree que está haciendo información, esto se ha convertido en un nuevo reto, pues, las personas piensan que sacar la imagen al aire de lo que está ocurriendo, ya les garantiza que las audiencias queden bien informadas y, en realidad, a mí me parece que terminan totalmente desinformadas”, indica Alejandro.

Con lo anterior, enfatiza en que su intención nunca ha sido vender aquello que llaman “la pornomiseria inclinación que demuestran algunos medios por buscar el lado trágico de las historias, sin tomar en cuenta el análisis de los sistemas que posibilitan y perpetúan dichas miserias. sino, estudiar a fondo los diferentes contextos socioculturales que se viven en el entorno, buscando entender el porqué de las situaciones y a partir de esto, hacer visible todas aquellas realidades, no únicamente con el objetivo de informar, sino también de generar cambios.

A lo largo de su carrera ha tenido un gran acercamiento con la gente que es víctima del conflicto armado y una de las cosas que más lo han marcado fue encontrarse con las historias de las personas desaparecidas. Tocar este tema no es fácil y eso se evidencia claramente en el quiebre de voz de Alejandro y en la expresión de su rostro al momento de hablar. “El pensar que alguien desaparece en medio de la vida normal, que de un día para otro ya no tienes a tu papá, ya no tienes a tu mamá, se te fue tu hermana, se te fue tu hermano, tu hijo; a mí me parece que es un castigo muy fuerte para las personas, para los que se quedan acá y ni hablar, pues, para los que desaparecieron y nunca regresaron o nunca regresarán”, menciona.

Se acomoda en su silla y prosigue diciendo “He visto historias de personas que llevan más de 30 años desaparecidas, a quienes siguen esperando. Mamás que se han pasado, después de perder a sus hijos, la vida buscándolos, literalmente. Esas historias siempre te marcan porque no son las historias de los desaparecidos, familiares de un político, amigos de alguien conocido o de familias importantes en sus territorios; aquí hay historias de personas que desafortunadamente “no son más que mi familia, no son más que mi hijo” y los siguen buscando, pero para mí siguen teniendo la misma o mayor importancia que los otros. Respira profundo y agrega que, si bien son historias bastante fuertes, de ahí han surgido situaciones que lo han marcado también, por ejemplo, “tengo muy buenos amigos en las fundaciones que buscan a sus familiares desaparecidos y ellos, todos los 31 de agosto, que se celebra el día del desaparecido, me llaman y dicen “Alejo, ¡gracias!” y ese tipo de cosas para mí son el mejor premio a mi labor como periodista”. Finalmente, manifiesta que, no todas las historias son malas, sino que, también hay cosas muy positivas que merecen ser contadas. Enfatiza en que lo más importante en este campo es ser conscientes de la responsabilidad social que conlleva y trabajar siempre con honestidad.

A propósito, mientras contaba un poco sobre las historias que más lo han marcado, recuerda que el segundo Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar, es sobre historias de desaparecidos. “Las otras mujeres del secuestro” se llama ese trabajo y relata 3 historias de mujeres que perdieron a familiares y que no se supo qué pasó, bueno, en el momento, porque algunas de esas historias tuvieron finales negativos, pero al menos un final; tal es el caso de Amanda Julieth Narváez Obando. Cuando hicimos la historia no sabíamos nada y a los 2-3 meses de que se publicó, encontraron parte de la niña, ahí cerca de su casa, pero en su momento la mamá no sabía nada y nadie le daba razón, la fiscalía no sabía nada, la policía no sabía nada, fue un tema bastante particular”. Bebe un poco de agua y agrega “La otra historia es la de un profesor que un día salió de su casa y ya no regresó. Apareció su carro a los 5 días, por allá, en la vía a Putumayo, en la vía a Catambuco, no recuerdo muy bien, y hasta ahora no aparece el profesor Guillermo Leytón y, de eso, ya van a ser más de 10 años”.

Escuche la crónica de Alejandro Rosero, ganadora del Premio Nacional Simón Bolívar:


Como en toda profesión, Alejandro Rosero ha tenido que atravesar grandes altibajos y uno de los más complejos ha sido todo lo acontecido con la Pandemia, puesto que, es algo que tomó por sorpresa a todos e incluso a él mismo y a su equipo de trabajo. La cuarentena llevada a cabo en el país como consecuencia de la emergencia sanitaria bloqueó por completo la labor del cronista nariñense “porque no podíamos salir a hacer las entrevistas con la gente y entonces, tampoco podíamos compartir esas historias de crónica con los oyentes. Fueron casi 4 meses, 5 meses quizás, en los que no tuvimos producción de nuevo contenido, pero son más de 15 años que he venido haciendo crónicas y presentándolas cada viernes, así que, las personas ya están acostumbradas a escucharlas sin falta, para eso nos tocó sacar al aire material que se tenía archivado; es decir, repetimos crónicas y de esa manera, creo yo, logramos que no se perdiera dicha costumbre”, señala. Pero, como toda mala racha, este percance también tuvo su final y a partir de mediados de agosto del 2020 pudieron retomar su quehacer y continuar con la creación de nuevas crónicas. “Desde entonces no hemos parado, sino que, continuamos trabajando fuertemente en la búsqueda y creación de nuevos relatos”, asegura Rosero.

Ya entrados en materia, no está de más preguntarse si alguna de las crónicas presentadas en el transcurso de este año puede ser acreedora de un premio. Para ello, Alejandro menciona que, eso sería muy bueno pero en realidad es algo muy incierto y, con la sonrisa que lo caracteriza, da paso al siguiente comentario: “Mira que nosotros tenemos una ventaja, porque la posibilidad de hacer crónica, cada 8 días, significa tener una buena cantidad. Las crónicas se transmiten todos los viernes, es decir, al año hay un promedio de 40-45 crónicas, las cuales se publican y, de todas ellas, a uno le toca ponerse a revisar qué quedó bien, cuál queda mejor o cuál gustó más; ese tipo de cosas las tengo en cuenta y trato de revisar cuál se va a mandar, por ejemplo, a un premio nacional. Puede que, en lo que resta del año, nos topemos con una historia muy interesante y que esa sea la elegida”. Además, indica que “en el Premio Nacional Simón Bolívar, al año participan en promedio entre 1000 y 2000 personas en el país; en crónica radial creo que la última vez fueron casi 200, entonces es un número alto, y créeme que son trabajos desde todos los lugares del país, que tienen mucha fuerza y unas historias espectaculares, muy duras, pero muy interesantes desde todo punto de vista.


Si bien algunas de sus crónicas se encuentran en la plataforma Ivoox, uno de sus proyectos más grandes, en estos momentos, junto al Sistema Integrado de Información de RCN Radio en Nariño, es poder llevar sus crónicas hacia nuevas plataformas. YouTube es su principal objetivo. Alejandro asegura que “este es un gran desafío, ya que, lo que he realizado por más de 15 años es escribir para radio, lo cual tiene como resultado un material completamente auditivo y YouTube es una plataforma que exige video”; por tal motivo, él y su equipo de trabajo están en la búsqueda de estrategias que permitan mantener esa magia que tiene la radio de provocar que las personas perciban y creen imágenes, únicamente con ayuda de la imaginación, pero en esta ocasión acompañada de elementos visuales.


.."Mientras uno trate de conseguir sus sueños, construyéndose honestamente, seguro que las cosas van a llegar".

Además, Alejandro Rosero Montenegro reconoce que este es un proyecto que permitirá a las personas acceder a su contenido de manera diferente, convirtiéndose en un complemento para su trabajo como periodista, pero que no por ello dejará a un lado su trabajo en la radio. Con lo anterior, agrega que, espera continuar presentando sus crónicas cada viernes por muchos años más y extiende una cordial invitación a todos los estudiantes de Comunicación Social de la Universidad Mariana, y a toda la población en general, para que sigan escuchando radio y por supuesto, esto incluye sus crónicas radiales, que se transmiten todos los viernes a las 6:30 a.m. en RCN Radio y a las 7:30 a.m. en La Cariñosa.

Por último, Alejandro aprovecha el final de la entrevista para dar un mensaje a las nuevas generaciones de Comunicadores Sociales y Periodistas, incluye a quienes apenas están pensando en elegir la carrera, a aquellos que ya se encuentran en su proceso de formación y por supuesto, a quienes acaban de recibir su título profesional.

En este momento, el tono de su voz se torna un poco más serio y comienza a presentarse un constante frenesí en sus manos al hablar, puesto que, para él no se trata simplemente de una carrera, sino de una responsabilidad consigo mismo y con la sociedad. Aclara que no cree que sea la persona indicada para decirle qué hacer “a los que vienen detrás”; sin embargo, decide otorgar las siguientes palabras, a modo de consejo, para los futuros comunicadores: “a la larga, en este trabajo, el camino te va dictando qué debes hacer. Pero lo que uno debe tener en cuenta es que, ante todo, somos seres humanos y los seres humanos se equivocan, entonces, hay que intentar equivocarse menos y eso significa en muchas ocasiones oponerse al sistema y yo le digo a la gente: no tengan miedo de oponerse al sistema porque mientras vayan a oponerse con fundamentos, las cosas van a salir bien, pero para ello hay que prepararse, estudiar, poner en práctica aquello que a uno le enseñan en la Universidad y, por supuesto, en casa. Entonces lo esencial, si tuviera la potestad o la capacidad de decirle a la gente qué debe o qué no debe hacer, sería: hagan las cosas bien, simple y llanamente. Si quieren trabajar en esto deben estar comprometidos con la sociedad y con lo que representa ejercer una labor tan importante, con tantas responsabilidades, si están dispuestos a ello, pues háganle y caminen por este sendero. Va a ser duro, difícil, pero si uno abre su camino de buena forma, llegará donde sea, a donde quiera. Mientras uno trate de conseguir sus sueños, construyéndose honestamente, seguro que las cosas van a llegar”. Se pone de pie, mira por la ventana y sonríe al ver que, luego de un fuerte aguacero, el sol empieza a salir.


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