“Gambito de dama”: el tablero de la vida


Fotografía por Hobbyconsolas - Netflix

“Gambito de dama” es una miniserie de 7 capítulos basada en la novela homónima de Walter Tevis y publicada con desidia por la plataforma de Netflix, a pesar de ello, la grabación fue aclamada por la audiencia, resultando que el algoritmo de esta plataforma la apoyara repentinamente a gran escala.


Tal desidia en la promoción de la miniserie posiblemente se debía a la falta de confianza en su trama: una niña que queda huérfana a sus 9 años y descubre por un capricho un don innato para el ajedrez, donde crece con una familia desestructurada, con la obsesión de ganar las partidas y restituir los vacíos de su niñez, mientras afronta la soledad, el alcohol y las drogas. Todo esto ambientado en los años 60, en el contexto de la guerra fría.


El nombre destinado a la serie se debe a que la protagonista, Beth Harmon le gustaba usar una apertura que consiste en abrirle camino rápidamente a la dama, que es la pieza más poderosa del ajedrez.


La grabación transmite con exactitud lo que es el ajedrez, nos muestra que un ajedrecista profesional invierte cientos de horas de su tiempo en aprender las aperturas, movimientos y también la necesidad de la estrategia al entrar en juego y, conforme se desenvuelve la partida reevalúa todas las posibilidades, analiza las posiciones, el valor de sus piezas, y reformula los pasos. Siempre buscando anticipar lo que va a hacer el jugador contrario y las consecuencias de cada uno de los movimientos.


La serie cuida al máximo el vestuario, la decoración, la música, los exteriores, la gramática de los diálogos y en sí, todo lo que potencia la verosimilitud de una trama que se sitúa en esta década. Contiene buen ritmo en el que el guion va mucho más allá, hablando de la superación de la mujer, los prejuicios, el valor y las capacidades de esta en un mundo dominado por el machismo y las costumbres conservadoras, un panorama humano y complejo, sometido a una presión inmensa ante la competitividad.


La serie, sin dudarlo da una reflexión a partir del hecho de que la vida es un tablero con desafíos y con jugadores; un juego de estrategia, con un inicio o apertura, un desarrollo y un final, donde debemos poner en valor lo que queremos lograr y cuáles son los primeros movimientos que vamos a realizar, los peones que vamos a ofrecer a cambio de algo más fuerte que nos lleve a mejorar nuestro juego, los cambios que vamos a liderar, los proyectos que vamos a comenzar, cuál va a ser nuestra estrategia de juego. Y de ahí en adelante tener claro que todas las jugadas son clave y que cada decisión cuenta, pero no solo eso, sino que también nos ayuda a valorar la importancia de disfrutar la partida.


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