Por: Jhon Franco Cerón Gómez
Se expone una serie fotográfica que captura la angustia invisible de quienes se sienten constantemente observados, como si cada gesto, cada suspiro, fuera examinado por un par de ojos ajenos. En el lugar íntimo de la ducha, donde la vulnerabilidad se encuentra con el agua que arrastra las lágrimas no vistas, la cámara se convierte en testigo de una transformación. Los ojos (miradas omnipresentes) invaden el espacio, el cuerpo, la piel misma, como si fueran la manifestación de una mente que no puede escapar del constante juicio interno y externo. La ducha, ese refugio efímero de soledad, se convierte en el escenario perfecto donde las emociones más sombrías se revelan en toda su crudeza.
Para el autor, este proyecto es una reflexión profunda sobre la fragilidad humana, sobre lo que sucede cuando el dolor y la ansiedad se esconden detrás de una máscara de normalidad. Es un intento de entender y traducir la sensación de ser observado sin descanso, de sentir que la vulnerabilidad se transforma en una carga constante, ineludible. El agua en cada fotografía no es solo el telón de fondo, sino una metáfora de la limpieza imposible, del deseo de purificación que nunca llega. Los ojos dispersos son como ecos de mentes atemorizadas, no solo de aquellos que sufren, sino también de una sociedad que tiende a ignorar las cicatrices invisibles.
La cámara en este proyecto actúa como un instrumento de exploración y revelación, no solo documentando, sino interpretando y amplificando la ansiedad. Al capturar las miradas que invaden la piel, la fotografía transforma lo invisible en algo tangible, confrontando al espectador con la vulnerabilidad y el sufrimiento que normalmente permanecen ocultos. A través del lente, el proceso se convierte en un enfrentamiento con la oscuridad, buscando dar forma a lo intangible del dolor mental.

La gota que rompe el silencio

Miradas que perforan

Ahogado en Iris ajeno

El drenaje de un vacío

Donde se limpia el cuerpo y se quebranta el alma
